Monterrey, México (jun 13 2009 12:00am).-
Yo boto al sistema a la basura. El problema real no es votar o no votar, anular el voto o votar “al menos pior”. El problema de fondo es que la partidocracia autocrática mexicana está podrida y hay un descontento ciudadano que se manifiesta repudiando a todos los partidos.
Y eso, más que estar bien o mal, ser conveniente o inconveniente, es total y absolutamente real. Y la realidad social es tal cual, nos guste o no. Es una genuina expresión libre: manifestar el descontento.
Dudo que castiguemos a la partidocracia con una simple anulación que, acaso y con gran esfuerzo, llegaría cuando mucho a un 10 por ciento.
Lo más probable es que la abstención nos arrase para gusto de los que nos dominan y gozan de un sistema político nauseabundo que los llena de privilegios y en ningún momento los hace rendir cuentas.
Para castigarlos hace falta algo más que anular el voto. Más que castigar, habría que hablar de reformar al sistema político mexicano. Suena titánico. Lo es, pero también es necesario. La pregunta esencial es ¿cómo? La respuesta quizá sería la participación ciudadana, aunque nuevamente venga por detrás la pregunta ¿cómo?
Y es que en los cómos se esconde la estructura de un sistema. ¿Cómo reestructurar un sistema político construido para que los partidos compitan, se repartan el botín y el poder, pero sin ningún mecanismo para después pedirles cuentas y revocarles el mandato en caso de ser necesario?
¿Cómo lograr que este sistema hoy kakistocrático evolucione para aceptar las figuras del plebiscito, el referéndum y otras vías que permitan que el ciudadano tenga poder?
La kakistocracia es el gobierno de los peores, y hay quienes ya no están dispuestos a participar en él, aunque el riesgo quizá sería caer más hondo en las garras del mismo sistema, cediéndoles todo.
¿Cómo usar el proceso de votación como una forma de protesta sin favorecerlos dejando paso libre a los dueños del poder? La respuesta es cuestión de estadística y comportamiento de grupos.
Claro, es obvio, ese mismo mecanismo de votación es parte del sistema, y al usarlo o no, ya eres parte de él. Entonces, es algo más profundo que el llamado de la selva, es la necesidad de botarlo todo para reconstruirlo todo, es un descontento mayúsculo. Ser anárquico de corazón y sistemático de razón nos puede ayudar a imaginar un cambio.
Estamos tan lejos y tan cerca a la vez, porque hoy sabemos que los “kakos” están en el poder y son los mismos de siempre.
Es muy sencillo, no se trata de moral ni psicodramas parecidos. Podría llegar un santo al poder y, aun así, el sistema lo descompondría, porque el sistema está diseñado para podrir a la gente que llega al poder.
La fórmula para podrir es sencilla: no existen mecanismos reales y efectivos para pedir cuentas. Ellos están en el paraíso de la impunidad, saben que pueden hacerlo todo y nadie podrá quitarles el trono.
El sistema de gobierno mexicano está construido para tenernos maniatados. La realidad es que no somos libres. ¿Podríamos acaso ser verdaderamente autónomos? ¿Podemos hoy realmente elegir? Ja.
Sólo el 4 por ciento de la población confía en los partidos, según una encuesta de Gobernación, y ése es el meollo del asunto. Nos hemos convertido es un país sin opciones. La única forma de comenzar a tenerlas sería renunciar al sistema. ¿Es posible hacerlo?
¿Se puede uno ir “por la libre”, sin pagar cuota? Te tengo una mala noticia: quitaron la libre para obligar a todos a irnos por la de cuota. Ahora la libre es ilegal. Entonces, la única opción que queda, si no nos vamos a la sierra o a la selva (que tarde o temprano querrán deforestar), sería replantear al sistema por fuera.
Al votar por uno de los partidos o por la anulación reforzamos al mismo sistema, al statu quo. Pero, observe qué bien construido está el juego del sufragio para atraparnos, si no lo usamos, también favorece a quienes están en el poder y quizá más. Todo esto indica que si lo que realmente queremos es una refundación, no basta una anulación como protesta. Hay que hacer mucho más.
yo voy a anular mi voto, no hay nada que hacer, somos huerfanos de patria